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EL MUSEO NACIONAL DE ARTE PRESENTA EN LA CIUDAD DE ORURO, LA MUESTRA “PINTURA BOLIVIANA 1952-1999”

El Museo Nacional de Arte, presenta a partir del día lunes 30 de junio en la ciudad de Oruro, la muestra “PINTURA BOLIVIANA 1952-1999: OBRAS DESTACADAS DE LA COLECCIÓN DEL MUSEO NACIONAL DE ARTE.

 

miradas cruzadas

 

 

 

 

La Puerta del silencio - FERNANDO MONTES

 

La muestra se presentara en las salas temporales del  Museo Simón I. Patiño ubicado en la calle Soria Galvarro.

La exposición esta compuesta por una selección de obras destacadas de la colección de pintura contemporánea del Museo Nacional de Arte de la ciudad de La Paz, que representa el desarrollo del arte nacional desde la década de 1950 hasta fines del siglo pasado. Esta exposición incluye obras de autores representativos de la pintura boliviana contemporánea.  Se destacan nombres como María Luisa Pacheco, Enrique Arnal, Gil Imaná, Oscar Pantoja y Fernando Montes en la generación del 52; los hermanos Gustavo Lara y Raúl Lara, Hermino Pedraza y Erasmo Zarzuela, de la década de los 70; Roberto Valcárcel, Gastón Ugalde y Sol Mateo, que representan un momento de quiebre a fines de los años setenta y la década de los 80; y finalmente: Patricia Mariaca, Guiomar Mesa, Cecilia Lampo, Ángeles Fabbri, Keiko Gonzáles y Fabricio Lara que conforman el panorama de las múltiples aproximaciones de la pintura boliviana de los años 80 y 90.

Cabe mencionar que al transitar por la historia del arte del siglo XX, hallamos un permanente cuestionamiento referido a la función del arte y a la validez  de la estética tradicional del canon renacentista europeo, a la representación de la realidad y  la búsqueda de la belleza.  Las propuestas de las vanguardias del siglo XX cuestionaron el modelo anterior, por ejemplo, la estética de los objetos africanos dieron, en el famoso cuadro de Picasso Las señoritas de Avignon (1907), el paso emblemático para el Cubismo y la apertura franca a nuevas miradas sobre la función de la pintura y de las artes en general.

La  pintura boliviana del siglo XX no estuvo abstraída de esta búsqueda. Desde la tercera década del siglo XX se consolidan las academias de bellas artes en diferentes capitales del país, con la llegada de Guzmán de Rojas y otros maestros como el lituano Juan Rimsa. La defensa de lo clásico que hace Arturo Borda ante la aparición de los ismos, que en su momento representaban estos maestros, y la preocupación teórica acerca de la identidad propia en la cultura boliviana, la búsqueda de nuevos modelos de sociedad y la irrupción del Modernismo en el pensamiento de la época hicieron que, el debate estuviera presente en todas las esferas. Se enfrentaron ideas que  lograron su momento de eclosión durante la década de los años 50 en la revolución nacionalista del 9 de abril de 1952. Este proceso histórico que fue acompañado por una importante promoción de las artes sirvió de palestra para que una generación de jóvenes artistas se proyecte  inaugurando una de las etapas de mayor producción y debate para la pintura boliviana. Esta generación presenta su primer espacio de discusión entre los artistas que, insuflados del pensamiento político buscaron acompañar los procesos de cambio social y enaltecer desde los lienzos y los muros los valores revolucionarios.

Así en 1950 surgió en Sucre el grupo “Anteo” que lideró Walter Solón Romero conformado por los hermanos Jorge y Gil Imaná  y el muralista cruceño Lorgio Vaca, además de un grupo de intelectuales y poetas de la época; mientras que en La Paz se destacaba el muralista Miguel Alandia Pantoja. Este movimiento, conocido por su profunda relación con los actores sociales del momento, se enfrentó a un grupo de pintores que buscaban la abstracción de la forma y la expresión del arte a partir de la manipulación de los elementos visuales puros en el que se encontraban Armando Pacheco, María Esther Ballivián y Jorge Carrasco, entre otros, a los que se sumarían pintores tan importantes como Oscar Pantoja. Un tercer grupo es el que ha de encontrar en la expresión de “lo nacional” con un lenguaje visual contemporáneo cercano a la abstracción una veta que identificó al arte boliviano en el ámbito internacional a través de la obra de Maria Luisa Pacheco, Enrique Arnal, Fernando Montes y la escultora Marina Núñez del Prado, entre otros.

De los años sesenta hasta principios de los setenta predominaron en la pintura boliviana  los temas ligados a lo nacional desde diversos ámbitos. Sin embargo es importante destacar el surgimiento de pintores con una poética propia de gran fortaleza. El orureño Raúl Lara descubrió en el mundo urbano mestizo “cholo” un espacio en el cual lo real se mezcla permanentemente con un imaginario mágico, lo propio sucedió con la obra de su hermano Gustavo Lara y otros artistas como Gíldaro Antezana en Cochabamba, Herminio Pedraza en Santa Cruz y el potosino Ricardo Pérez Alcalá   descubrieron en su propia cotidianidad un mundo pleno de imágenes que lindaban lo irreal.  Esta forma de entender el universo de lo cotidiano ha sido ligada al boom del Realismo mágico de la literatura latinoamericana cuya figura emblemática es el colombiano Gabriel García Márquez.

El quiebre de esta linealidad llegó en la segunda mitad de la década de los setenta. Si bien muchos elementos del Informalismo y la investigación matérica estaban ya presentes en la producción pictórica boliviana desde fines de la década de 1950, nunca se había cuestionado a fondo el valor de los materiales en relación a la expresión o el abandonar la práctica de la pintura como medio de expresión.  La declaración “El Arte Ha Muerto” de Roberto Valcárcel inauguró para los artistas bolivianos una nueva forma de acercarse al mundo desde una visión que cuestionó los valores de la Modernidad inaugurando así una visión posmoderna en el arte boliviano. En este momento de fuerte enfrentamiento político y de represión, las nuevas formas de expresión cobraron significación, a Valcárcel se sumaron Gastón Ugalde y Sol Mateo. David Angles se convirtió en una especie de visagra entre este grupo conocido como vanguardista y un segundo grupo de esta generación dedicado al arte político en el que destacaron nombres como Diego Morales, Benedicto Aiza, Max Aruquipa y Edgar Arandia.

Si bien al iniciar la segunda mitad del siglo la problemática del arte boliviano giraba en el qué decir y como decir a partir de inscribirse en determinada tendencia, luego del quiebre surgirá una generación diversa en la cual la construcción de una forma de expresar desde la elaboración de una poética propia y los referentes internacionales de la formación de muchos de sus integrantes han de dar como resultado una generación de pintores de gran fuerza donde primaron la gestualidad del acto pictórico y la libertad expresiva. Entre estos jóvenes destacaron los nombres de Ángeles Fabbri, Patricia Mariaca, Cecilia Lampo y Keiko Gonzáles.

Esta muestra, que permitirá apreciar la renovación de la mirada en el arte boliviano en la segunda mitad del siglo XX, permanecerá a consideración del publico orureño hasta el 18 de julio del año en curso.

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Museo Nacional de Arte - 2004