Pasada la segunda mitad del
siglo XVII y bajo el influjo de fuertes corrientes ya enraizadas
como la flamenca y la nueva y vigorosa tendencia del barroco
español, surgen en Charcas grandes maestros y florecen
dos importantes escuelas que se destacan por su estilo propio
y extraordinaria producción, la escuela de Potosí
y la escuela paceña o del Collao en la zona del Lago
Titicaca.
La escuela
potosina se relaciona sin duda alguna con la figura de Melchor
Pérez Holguín, máximo pintor del virreinato
durante el período 1660-1735, quien realiza toda su
obra en la Villa Imperial, desarrollando su arte barroco con
original esplendor. De su temprana etapa de ascetas y penitentes
franciscanos, el museo posee una de sus más importantes
obras, el Éxtasis de San Pedro de Alcántara;
de su segundo periodo de grandes composiciones, su obra máxima
sin duda fue La entrada del virrey Morcillo a Potosí
en 1716, que se encuentra en el Museo de América de
Madrid. De su último período de series dedicadas
a santos y escenas aisladas con espléndido color y
luminosidad, se cuenta en el museo con obras maestras como
San Juan Evangelista, San Juan de Dios y la Virgen Lavandera,
obra cumbre del autor. La obra de Holguín es considerada
como uno de los hitos de la pintura virreinal boliviana, predecesora
de la pintura mestiza del siglo XVIII en Potosí. Su
influencia en esta escuela continuará a través
de sus discípulos y seguidores hasta del siglo XIX.
Pintores holguinescos como Joaquín Caraball, Nicolás
Ecoz y Juan de la Cruz Tapia están representados en
el museo.
Discípulo
notable de Holguín es Gaspar Miguel de Berrío
(1706-1762?). La Adoración de los pastores y la Adoración
de los Reyes, así como la bellísima Coronación
de la Virgen son lo mejor de su producción y pueden
apreciarse todas en el museo. Es también importante
la Virgen de la Fuencisla atribuida al pintor indio Luis Niño,
estricto contemporáneo de Berrío, que aparece
con gran éxito en Chuquisaca y Potosí y es reconocido
no sólo como pintor sino también como escultor,
platero y tallador.
De la escuela paceña o del Collao, que irrumpe en
la región de la cuenca del lago Titicaca hacia 1670-80,
tiene el museo una valiosa colección. El maestro de
esta escuela es Leonardo Flores, pintor mestizo activo hacia
1680 que recrea especialmente temas del Antiguo Testamento
y es uno de los primeros maestros que inicia el estilo “mestizo”.
Son obras suyas una Adoración de los Pastores y un
San Cristóbal. De esta escuela, que se caracteriza
por una profusión de joyas y paños volantes,
son numerosas las obras de santas y otras obras anónimas
que copian imágenes de gran devoción como las
vírgenes de Pomata, Candelaria y la Merced.
Al
mismo tiempo, surge en la zona andina una particular y compleja
iconografía de series angélicas. La más
completa se halla en la iglesia de Calamarca (La Paz), en
la que trabaja el anónimo Maestro de Calamarca, dejando
un único y magnífico conjunto de ángeles
jerarquías y arcángeles arcabuceros que se diferencia
de la pintura angélica occidental; su creación
es sin duda un valioso aporte a la iconografía universal.
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